La gente deambulaba tranquila por la plaza del Teatro Cervantes, mientras nosotros, con la tranquilidad de que quedaban casi mil entradas sin vender, comprábamos nuestros tickets en la taquilla. En un plis-plas, cogimos el bus, que por 1.00€ nos llevó hasta la Playa del Peñón del Cuervo.

Fastuoso. Una organización increíble, gente de seguridad y de la organización por todas partes. Un día perfecto en un entorno superlativo, la playa a los pies, la montaña en las manos. No paso mucho tiempo cuando decidimos ir a por la primera cerveza y tuvimos que hacer nuestro primer cambio a terrales, la moneda autóctona del festival. 1.00€ equivale a 1 terral. Una manera astuta o desvergonzada de hacer un mínimo gasto de 5.00€, ya que no cambian cantidades inferiores. Pero esto importaba poco…


Nos adelantamos a las vallas, aunque no había nadie a 100 metros del escenario. Andrew Bird empezaba a hacer su prueba de sonido, mientras los de la zona vip se acomodaban en sus mesas, con sus sillas y sus velas. El sol pasó a ocultarse, y la brisa empezó a refrescarnos. Andrew Bird comenzaba descalzándose en el escenario, luciéndose a golpes de violín y haciendo gala de su incombustible silbido. La gente se multiplicaba por momentos, aun así, la música de Andrew invitaba más que a bailar, a escuchar y dejarse seducir. Giros bruscos de cabeza durante toda su actuación, que termino con temas de su último disco. No hubo bises, pero tampoco se los pidieron.

Pasó media hora, hasta que los de Fisherspooners, en una oscuridad absoluta, emergían del humo, vestido enteramente de negro y con una cubitera por sombrero. Sonaron temazos de sus discos como Just Let Go, Cloud, Get Confused o Everything to again. Su performance daba mucho juego, coreografías eléctricas, megahits bailables y un directo desgarrador de los de verdad. Fueron lo mejor de la noche, aunque algunos del publico no sabía ni a lo que venían, se escuchaban cosas como “Maricones” o “¿Esto es Tiga?”. Pero vamos, que los que fuimos, lo disfrutamos y mucho.


Una hora después, vino el tiquismiquis de Tiga, eso sí, guapísimo, tan delgado que sus piernas no se veían con los soportes de la mesa. Pidió mil cosas y dio mil vueltas por el escenario antes de ponerse a pinchar. Que se apagaran los focos, que le subieran la mesa, después que se la bajaran, que si un plato no iba, que le subieran el sonido a no se que… total, que hora y media después, se quito la sudadera y Tiga empezó a sonar, aunque la gente no sabía si era Tiga o la música de espera. Muchos creíamos que se pondría a cantar temas de su álbum Sexor, pero nada mas lejos de la realidad, su actuación era una sesión, en la que no faltaron sus remixes, sus subidones y solo dos canciones que hicieron explotar al publico en sus más de dos horas a los platos: You gonna want me y 3Weeks. No se donde se había quedado el buen ambiente de los Fisherspooners, ahora estaba rodeado por gente empastillada y por go-gos de gimnasio de los que lucen pectorales, sea en la playa o cuando van a comprar al Coviran. Aun así, no pare de bailar, justo a nuestro lado había una gente majísima metiéndose cosas por la nariz y las canciones de Tiga haciéndonos sudar como posesos (en realidad, posesas).

Uno de la organización le hizo un gesto a Tiga, 15 minutos para el cierre. Tiga, tardó media hora en despegarse de los platos. Eran las cuatro de la madrugada, mientras nosotros, nos íbamos para que la marabunta de más de 1500 personas, no nos pillara en la salida. Nos fuimos buscando el bus de regreso habilitado para la ocasión, y después de un par de vueltas porque los guardias a los que preguntamos no tenían mucha idea, nos pusimos en Málaga por otro euro.

En la puerta del NH, había un furgón negro y mucha gente esperando, los Fisherspooners, Tiga y Andrew Bird, se iban a dormir…

(Fotos: Capulla)

Qué se te pasa por la cabeza?