Después de muchos rumores vistos en el Tomate y en las revistas del corazón, Alejandro Sanz volvió por fin a los escenarios, aliviando a sus miles de histéricas seguidoras, que tras la decepción que supuso verle tener un hijo secreto con alguien que no fuera ellas, se esperaban lo peor.

A las 8 se abrieron las puertas para que, 3 horas después, a las 11, empezara el concierto. El estadio, evidentemente, estaba lleno, pero la verdad, la próxima vez mejor llego a las 10 para coger un sitio tranquilito y santas pascuas, que esperar ahí de pie tanto tiempo para ver a este señor ya no merece la pena. El repertorio estaba compuesto de canciones de su nuevo disco, de título impronunciable a la par que pretencioso, y otras mucho más conocidas, que sin duda fueron las más agradecidas por el público. Tras un par de bises, de gente gritándo “otra, otra”, el concierto terminó, y la verdad es que tras dos horas de el señor Sanz, más de uno necesitó una inyección de insulina.

El momento VIP de la noche lo protagonizó Cristina Tárrega, que se dejó caer por allí con su aire de divinismo y presentadora comprometida con la cultura. Alejandro lo sabría, ya que tocó “Amiga mía”, recordándonos esas escenas tan míticas de El Informal.






Texto: Keel Lorentz & Gema Salido
Fotos: Gema Salido

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