


Pablo Rodríguez en el Espacio Oblicuo
El próximo viernes 8 de abril, el cordobés Pablo Rodríguez ocupa el espacio Oblicuo (Centro Cultural Provincial) con su primera exposición individual llamada “Iconografía del Desengaño”, en la que aglutina sus últimos trabajos de poesía, fotografía y dibujo. La expo se podrá ver hasta el próximo 20 de abril.
He roto todos mis huesos mientras no llegabas,
ahora reposo tumbado en el suelo,
en calma, a que me cicatrice el alma.
Y ahora leed lo que escribe Tecla Lumbreras sobre él:
Si algo caracteriza a los trabajos creativos de Pablo Rodríguez (Córdoba, 1989) es que hace lo que siente. A Pablo le interesan poco los aspectos formales de sus obras y si el traslado espontáneo al papel de sus imágenes e inquietudes no elaboradas. Visto así, muchos de estos trabajos son más bien chispas de inspiración provocadas por sentidas emociones que piezas realizadas según unos criterios normativos. Y es esa necesidad de expresarse de manera rápida, casi instantánea, la que le lleva a utilizar con gran naturalidad y sin temor alguno a equivocarse el dibujo, la fotografía o el poema.
El descubrimiento y posterior adquisición de una cámara Polaroid, gracias a su aprendizaje en las artes visuales como estudiante de Ciencias de la Comunicación, le suministra la herramienta ideal para captar una casi ilimitada multitud de hallazgos de imágenes en tan solo sesenta segundos. Con ellas va construyendo una especie de diario personal donde refleja con incesantes cambios de estilo sus deseos, aspiraciones y necesidades más íntimas. Todos son intentos de captación y apropiación de una realidad a veces hostil, como cuando habla de ausencia, desengaño o pérdida, que en ocasiones se convierten en baladas de amor a un segmento de naturaleza o el rastro de la persona querida. Sus imágenes cambian de tema a saltos y siempre están abiertas a todo: los coloridos colgantes que adornan una oreja, el cielo lleno de pájaros negros, los sabrosos restos de una comida… Una visión fragmentaria y alineal de objetos y espacios con los que va construyendo una historia personal que sólo necesita de la contemplación pausada para ser entendida.
Mención a parte merecen sus dibujos casi inespaciales, de trazos rápidos y línea clara, con los que va proyectando una serie de obsesiones y angustias que en ocasiones se convierten en perentorias como cuando utiliza un trozo de papel con anotaciones pecuniarias para escribir la leyenda, ¿Quién olvidó tu sonrisa?, sobre el rostro bosquejado de la persona invocada, o a los gemelos Pepe y Juan unidos por una línea sin fin. O el sexo masculino coloreado de amarillo en el extremo dañado. Unos dibujos hasta cierto punto conceptuales que buscan el trazado de una idea y no su plasmación plástica. Pequeños dibujos silueteados que, como sus fotografías, encierran ensoñaciones de un creador que siente el mundo que le rodea.


Qué se te pasa por la cabeza?