Tras la etapa de silencio sepulcral que rodeó al Espaciu el último año, en este 2013, nos encontramos con esta nueva era en la que las sorpresas musicales están dando alegrías a melómanos y bolsillos resentidos.

La cita del pasado Viernes 22 de Febrero se presentaba como un Western de mano de los vallisoletanos Arizona Baby que venían a mostrar la artillería pesada de su último álbum The Truth, The Whole Truth and Nothingbut the Truth (Subterfuge Records 2012) que ha conducido al cierre de una etapa con final abierto. Este EP les ha servido de transición ante lo que será su nuevo trabajo que verá la luz este año. Seguirán fieles a su estilo aunque son férreos defensores de la evolución sonora de los grupos.

Con un sonido único dentro de la geografía musical española se han labrado un puesto de honor a lo largo de estos 10 años en festivales, revistas de música independiente y canales como Radio 3. Confiesan que los últimos 3 años han sido diferentes ya que se han podido dedicar a la música como oficio pleno, sin restricciones y pudiendo decidir el qué y el cómo.

Sin hacer uso del divorcio express en su relación con Corizonas, auguran continuidad en este affair musical, visitan la capital malagueña dentro de esta gira con formato acústico basado en el concepto “actual local”. Han elegido hacerlo así, salas pequeñas donde poder mostrar sus armas de fogueo en corta distancia. Dejan las grandes masas del pasado año para ganar en los duelos cara a cara con el público.

Con casi una hora de retraso, y ataviados con barbas y camisas de lujo para la ocasión, se subían a la humildes pero orgullosas tablas de Spaciu los forajidos pucelanos para evidenciar que el sonido rockanrollero con guitarras garajeras del Oeste Yankee también reside en el desierto vallisoletano.

Un fuerte grito inicial y sonaba The end of the line. “Brindo por todos ustedes, gentes buenas que vienen a conciertos para que gente como nosotros podamos seguir yendo de ciudad en ciudad repartiendo acordes y si todo va bien…sudor. Y si no se suda, siempre nos quedará quejarnos y emitir un quejumbroso…Ouch!”

Así se presentaba e introducía la siguiente canción el showman de Javier Vielba ,que lejos de esconderse detrás de gafas y poblada barba, sería un rápido pistolero y maestro de ceremonias.Con un melódico puente guitarrero se conquistaba el silencio de la sala y daban paso a una versión del tema The Model (Das Model) de los alemanes Kraftwerk,grupo que les encanta, incluida en el disco, canción con la que el público se animó a hacer los coros. Danke schoen se permitiían decir a finalizarlo.

“Algo menos nos gustan los domingos de resaca, si te pilla el viernes te queda el sábado ¿y el domingo qué te queda?” Esta era la manera de rescatar Sunday, una de las canciones de su primer álbum para después continuar con If I could donde la modulación de la voz y el punteo nos transportan a las mejores expediciones por el Gran Cañón.

“Nunca habíamos tocado dentro de un contenedor de barco, debo admitir que tenemos gran curiosidad en comprobar qué tipo de sonido obtendríamos si todos juntos, ahora, dentro de un contenedor de barco diésemos un grito”. El resultado no se iba a hacer esperar ni milésimas de segundo. “Curiosidad satisfecha, suena bien, suena alto además”. Presentaba a Rubén Marrón a su izquierda que sería el encargado durante toda la noche de deleitarnos con el mejor sonido que podía sacarse de la guitarra que manejaba entre sus brazos. Sonaría Survive para continuar con Rock N Roll Messiah, una de las balas mágicas de este último disco donde además veríamos como el tercer integrante del grupo dominaba la percusión y la rítmica.

“Un fuerte aplauso, sí señor. Hay que seguir viniendo aquí a los conciertos Nos gusta cómo suena, nos gusta lo agusto que se está y nos gusta que vengáis a vernos a nosotros y otros grupos que os mole ver, pero no os quedéis en casa. No es lo mismo verlo en internet. Ponemos una cejilla a la cuerda que se nos está volviendo un poco locker y nos relajamos un poco, solo un poco para tocar una balada, que no es lo que hacen las ovejas”

“Esta es una balada que tiene que ver con el sitio de dónde venimos, que por cierto está lejísimos, ya sabéis que cuanto más lejos vienes más ilusión te hace. Palencia nos hace menos ilusión porque solo se tarda media hora”
La balada era sin duda alguna The Ballad of Golden Valley, con su sonido desgarrador y decadente te transporta al estado de ánimo oscuro pretendido por el vocalista. Después de este parón en los ritmos rápidos llegaba el turno para otra versión, nos quedábamos dentro de la península con My name is Draque de Jigsaw, grupo que acompañó a los Arizona en su concierto de Madrid en la Sala Joy Eslava y que estarían en breve con ellos en Santiago. Jigsaw tiene a hacer versiones lentas de los vallisoletanos y por ende ellos los versionarían a la contraria porque “nunca viene mal un poco de macarrismo”.

“Pensad en el fututo, en el día de mañana cuando nuevas generaciones vean fotos vuestras. Si te ven ahí con pelo en l cara dirán joder este tío…esta tío era algo. Si os ven afeitados dirán…bueno, un tío más. Pensad en cuando no estéis, dejaos barba o bigote y que os hagan una buena foto”. El humor y la ironía fueron protagonistas de esta noche íntima que daba sentido al formato de espectáculo elegido por la banda.
Where the sun never sets, Everything to me , Runaway (versionando a Dell Shanon), Dirge, Shiralee y The Turth serían las canciones tocadas en la parte final del concierto, las dos últimas a modo de bis. Una hora y media de música en directo que ponía sobre la mesa las cartas de uno de los grupos con más carácter y estilo propio del momento que se crece en las distancias cortas. Guitarras en el aire se despedían dejando un muy buen sabor de boca entre los que se habían rendido el pasado viernes para rendirle homenaje al sonido rockero más castizo del Oeste español.

Fotografías de Anais Morales

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