La casualidad es esa palabra que algunos emplean (empleamos)  para dar sentido y buscar una interrelación entre cosas que realmente no la tienen.  También a veces hablamos de la suerte en un intento de sentirnos afortunados. Qué casualidad que por estas fechas estemos celebrando el 40 cumpleaños de  The dark side of the Moon, álbum más vendido de la banda británica. Qué suerte que los Pink Tones sean españoles y nos regalasen el pasado sábado el concierto más extenso de su trayectoria.

El día 16 de Marzo a las 20.30 horas reunía a las afueras de la Paris 15 a melómanos con alma de vinilo y canas serpenteando frentes y a un puñado de jovenzuelos 2.0. La experiencia de unos superaba en número a la ilusión de otros. Hasta las 22.15 horas no se rompería el murmullo recordatorio de experiencias, anécdotas y recuerdos que la historia de un grupo como los Pink Floyd ha fraguado en las vidas de los que aquella noche poblaban el suelo de aquella sala.

Sing of life era la elegida para presentarse, casi un año después, ante el público malagueño. Las teclas levantaban el polvo del silencio, el sampler tomaba forma y era Nacho Aparicio el primero de los miembros en hacer acto de presencia. El humo que acompañaba a Nacho dejaba la duda ¿y el resto del grupo cuándo aparecería? La respuesta la traía One of these days y el bajo clásico de Cefe Fernández. Todos a escena y que venga el pistoletazo de salida en palabras del percusionista y batería Antonio Fernández “One of these days, I’m going to cut you into little pieces” decía apuntando al público. El rugido que levantaría a la manada y hacía aullar el lap steel del también vocalista Álvaro Espinosa.

El tiempo pasaba y nos metíamos de lleno, Time sonaba con su peculiar tintineo inicial e introducía a los últimos, pero imprescindibles, actores de este teatro musical espacial: las luces de neón que formarían el mítico y perfecto triangulo. Llegaba una de las pocas sinfonías breves Breathe, que rápidamente daba paso a la batería inicial de Saucerful of Secrets. En temas como este veríamos como los Pink Tones no rinden solo, un más que merecido y digno, homenaje a los Pink Floyd, también innovan incluyendo instrumentos como el theremin, tocado por Álvaro, que dota de un matiz propio a la pieza. Se permiten, y pueden, su dosis de originalidad a la que también contribuye Pipo con su saxo jazzero. Las primeras y escuetas palabras dedicadas al público serían un “Hola ¿qué tal? Buenas noches”.

Si Pink Tones rinde pleitesía a los del fluido rosa, estos con su disco Animals se basaban directa/indirectamente  en la fábula política Animal Farm(Rebelión en la granja) de George Orwell, el tema elegido era Dogs. La tranquilidad antes de la tormenta, láseres y teclado haciendo de antesala y monaguillos de Shine on You crazy Diamond, donde el público se hacía uno coreando a viva voz el estribillo. Empezábamos a entrever la potencia y agudos de las voces de Cris López y Ángela Fernández, coristas del grupo, que hicieron de ninfas encima del escenario y embelesaron con su movimiento y cadencia.

On the turnning away y  Atom Heart mother, aquí vimos el paso de las féminas de coristas a solistas. Sus timbres y registros traspasaban nuestros tímpanos y nos hacían agarrarnos al suelo. Agudeza, en su más amplio sentido, en estado puro. Have a cigar, The great gig in the sky, Money, Any colour you like, Brain damage y una versión acústica de Fat old Sun que  continuaba en la misma línea con la  muy deseada y esperada Wish you were here. Tras uno de los aplausos más intensos y viscerales de la noche el vocalista solo podía dar las gracias y continuaba hablando, pedía silencio y un momento íntimo. Cada persona con el grupo, escuchando lo de fuera, sintiéndolo por dentro. Echoes conseguía que este sonido espacial nos hiciera viajeros estratosféricos y presos de su paso. Fueron dejando el escenario y nos lo encontramos vacío.

Aunque quedaba algo por derribar, tanto en el escenario como en el suelo. Volvían de la mano de The Wall : In the flesh?, The tin ice y…Another brick in the Wall con sus 3 partes. Megáfono en mano Álvaro buscaba en la lejanía al público y tras su espalda se levantaba la estructura hinchable y con ojos iluminados que representaba al profesor de escuela. La droga natural de la adrenalina cae como un manto invisible encima del público. Se iban otra vez pero en el tintero aun estaban Goodbye Cruel World, Run like Hell y Comfortably Numb. Llegaba el verdadero final tras, como dijimos al principio y nos confesó Antonio, el concierto más largo de los Pink Tones : 3 horas y 15 minutos. “Que nos veamos mucho más, no podemos decir más. Os pedimos que esta noche nos dejéis hacernos una foto con vosotros”.  Aunaron los brazos, dieron la espalda al público, se alzaron las manos y puños y la instantánea del concierto más largo de su historia quedó inmortalizada.

Fotografías y crónica de Anais Morales

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