En ocasiones la voz no sale únicamente de la garganta y del aparato fonador. Está encajada en ojos, entrañas y zapatos que golpean las tablas del escenario, o mejor dicho, botas. Y  en ocasiones la voz no es solo una, pasando de la inocente dulzura naive a las vibraciones terremotas del infieno.  Maika Makovski atrapa con esto y con algunos lujos más.

El pasado  Jueves 25 de Abril el Centro Cultural Provincial de Calle Ollerías abría sus puertas para dejar pasar a la mallorquina y a su banda: Juan Carlos Luque al bajo, Ruben Martín a la guitarra y David Martinez a la batería. Cuatro piezas que nos daban tickets para un paseo alrededor de los 8 últimos años musicales de la voz reina del rock underground español. De rojo y con paso fugaz, Maika , salía de entre bambalinas para acoplarse con su piano desde el segundo cero de concierto dejando que sus teclas , y posteriormente las guitarra, fueran desmembrando todos los escalones de su voz y mostrándolos uno a uno al público. No news abría repertorio y nos mostraba sus enredos personales con las teclas mientras Juan Carlos y Rubén hacían agudos coros y movía desenfrenadamente los talones. Un sencillo “buenas noches” pintaba las primeras palabras al público salidas de la boca de la cantante. Only innocence is capable of pure evil sería el Segundo de abordo rescatada de su anterior disco (Desapararecer-2011).

“Muchas gracias, estamos encantados de estar aquí y yo más porque parte de mi sangre es de aquí y me reencuentro con vosotros, mis compatriotas. Esta es una canción de hermandad y se la dedico a la sangre que corre por vuestras venas”. La elegida era Your reflection y posteriormente Friends . (Maika Makovski-2010) donde el ritmo frenético de Juan Carlos esta vez se aplacaría para dar paso a los toques de pandereta. La intensidad y protagonismo del piano en todos los temas de Thank you for the boots surgen así desde etapas primigenas del álbum, ya que fue compuesto a piano y voz, siendo después acoplados el resto de instrumento. Una amalgama sonora ,que desde el agradecimiento a sus botas, hasta Kradiaw es una delicia que llevarse a los oídos. Volvíamos a desaparecer entre el sonido de guitarras de Body y sus gritos. Sonaba a madera oscura, a cuidado y sacaba a relucir esas pinceladas folk que acompañan al rock delicado pero visceral que tanto caracteriza a la vocalista. “Muchas gracias por estar en vuestras sillas. No son cárceles ¿no? Podéis levantaros y me uno. Esta canción va sobre un tío muy guay. Es más se llama un tío guay”, Cool Cat. ¿Les he dicho que son muy guapos? Get along.

Armada con su guitarra, momento que todos los asistentes estaban esperando a ver, se contonea y acomoda. Ella puede tocar el piano mientras de su pecho cuelga la guitarra. Comienza a sonar Pagan, canción que consigue enquistarse en los espacios vacíos del cuerpo para salir quemando por los poros y pidiendo guerra. La banda muestra sus dotes de rockers y acaban con un grito, el público aplaude, per vuelven con el mismo grito para dar sentencia. “¿Cómo estáis? Nosotros nos hemos levantado muy temprano, cosa que los músicos no solemos hacer. Hemos venido en AVE y hemos intentado ver olivos” Al grito de “¡guapa! Contestaba Luque y hacía escapar  las risas, al de “¡guapo!”, como no podía ser de otra manera, contestaría ella.

Lava love, la canción más seductora, sensual y sugestiva de la noche se hacía sonar y provocaba el estupor de personas y mobiliario. Pocos podrían ser los que resultaran impasibles ante el sonido del placer que hacía de la ropa algo pesado, de los dedos algo frágil y de los parpados algo quieto. Se despedían para volver minutos más tarde.

Tocaban The deadly potion of passion. “Esta no la teníamos en el menú, pero me voy a dar un capricho. La poción mortífera de la pasión”. Algunos temas más sonaban, pero se volvían a ir. El público se levantaba para ya despedir a la banda, aunque se echaba en falta una cosa, una canción, un sensación. “Gracias, a ellos ya los conocéis”. Deshacían sus pasos y salían para tocar Language. Los asistentes se quedarían de pie para bailar y cantar la última pista. Maika Makovski fue la gran sorpresa en su irrupción en el panorama nacional con proyección internacional. Una sorpresa que no tiene reparo en reventar escenarios y hacer inútiles butacas de teatros.

Qué se te pasa por la cabeza?

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