Pablo López. La Caja Blanca. Viernes 27 de Septiembre.


Lo reconozco. El viernes llegaba a La Caja Blanca sin conocer prácticamente ninguna de sus historias y con el señor (vítores) Jamie Cullum (vítores) como único piano-man en mi vida musical.

Sold Out. 21.15 de la noche y se apagan las luces. Vicent, Félix y Kim aparecen en escena. El público grita. Pablo López se sientaante un precioso piano blanco ubicado a un lado del escenario. Y suenan los primeros acordes de Lluvia en el cristal.

Cuando tienes que “afotar” únicamente durante las tres primeras canciones, el mundo alrededor para por un momento. Solo ocurre lo que ves por el visor. El resto de sentidos se difuminan. Solo existen los movimientos de Pablo al son de la melodía y las gesticulaciones del malagueño con cada estrofa sentida. Tras declarar que había sido una “semana dura pero emocionante” suena No me arrepiento, para luego sorprender al personal en un espléndido final de La mejor noche de mi vida.

Cuenta que No soy de nadie es un canto a la vida, a la libertad. Está en casa, rodeado de su familia, amigos y personas que le siguen desde que sus canciones empezaron a sonar en pequeños bares, en medianas salas… El pide palmas y Málaga se las concede porque no es de nadie, pero hoy es un poco de los que esa noche se han reunido para escucharle.

En El amor se olvidó de nosotros la interpretación al piano del músico se hace excelsa, pero su complejidad es tal que Pablo afirma “intento concentrarme… no sé por qué escribo estas canciones…” pero el público sabe porque lo hace y se lo agradece. Es una noche donde la voz del malagueño se acompaña de grandes instrumentistas (como el propio Pablo al piano y teclado). Como el contrapunto perfecto que la batería de Félix Fanlo le otorga a Todo.

Todo lo que me ha pasado es para querer a la música, a muerte” y suena Donde, las primeras filas levantan carteles con el número 4, el mismo número en el que se ha colocado Once historias y un piano en su primera semana a la venta.

Pablo López además no teme cantar en andaluz, muchos de sus temas tienen ese deje que otros intentan dejarse por el camino, y claro está en el directo no iba a ser menos. Desde “perro andalú” hasta “prinsesa” sin olvidarme de sus “¡qué corahe!” en los pequeños monólogos introductorios a los temas. Si, el malagueño ha sacado el don de la palabra y además de canciones regaló algunas que otras risas.

Durante el concierto también habrá tiempo para “cantar en guiri”. Billy Joel y Miami 2017 es la primera que aparece en escena. Y es el turno de las presentaciones y los agradecimientos; a la banda, el equipo de managament, los técnicos de sonido, la familia y al público. Tras Suplicando el escenario se queda vacío. Tímidos “otra, otra”, a sabiendas de que volverán a salir, pero muchas ganas de que la noche continúe.

Pablo López regresa solo, se sienta frente al piano blanco e interpreta Mi casa. Por un momento se aleja del micro y el público enmudece, al completo, por primera vez durante toda la noche. Respeta el momento para darle alas a la canción, el malagueño canta con el alma y deja huella, su huella. Y después de cantar por Brian May llega uno de los temas más esperados. Princesa de nadie es muy especial para el músico pero esa noche nos la quiere regalar; “es toda vuestra, Málaga”. No puedo dejar de mencionar a las cuerdas de Kim Fanlo y especialmente a las de la guitarra de Vicent Martínez en este tema ¡grandiosos, los dos! Con Vi llega el final. Más de once historias, más de un piano y un buen puñado de instantes por recordar. “Hay un antes y un después para mi tras esta noche”, confesaba el artista con una sonrisa de oreja a oreja, exultante de felicidad, la misma que, durante toda la noche, ha ido sembrando en los allí presentes.

Lo reconozco. Estoy en casa, escribiendo estas líneas, escuchando cada una de sus once historias (si, en Spotify) y cayendo en la cuenta de que ya hay otro músico capaz de hacerme disfrutar en un directo sin tener la necesidad de despegar sus dedos de las teclas.

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