Mario Vaquerizo, acompañado del periodista Jesús Ordovás y el artista Pablo Sycet, aparecía en el escenario de prácticamente lleno del Auditorio Edgar Neville. No era para menos, el que durante más de 10 años ha permanecido bajo la sombra titánica de ser el marido de Alaska, se ha convertido en toda una starlette. Manager, cantante y curtido del universo Reality, visitaba Málaga para presentar su último libro, “Fabiografía“, en un alarde de la que según él es su verdadera profesión vocacional: la de periodista.

Desentrañar todos los claroscuros de la vida de una vida tan ecléctica como la de artista Fabio Mcnamara no ha sido tarea fácil. El propio Mario se ha sumergido en una escrupulosa labor de investigación con el único fin de contrastar los grandes mitos que giran entorno a la figura de Fabio. Desde sus amigos de la infancia en el barrio madrileño de Ciudad Pegaso hasta los grandes compañeros de viaje del artista, como fueron Alaska, Tino Casal o el propio Pedro Almodovar, que le dedicó un sincero pasaje titulado “El último Dandi“.

Pese a todo, la mayoría de las personas que conocen al misterioso artista coinciden en dedicarle solo buenas palabras. Pero la vida de Fabio ha originado un sin fin de contrastes y declives, con un único denominador común: la droga. “En este libro he venido a hablar de mis rayas, de mis chinas, de mis picos. No quiero hablar de nadie más” confiesa Fabio a Mario en su libro al ser preguntado por los surrealistas sucesos ocurridos en el refugio artístico del pintor, “Casa Costus” (donde conviva con otros artistas como Juan o Enrique Costus). Un acto de generosidad que el propio Mario no pudo evitar comentar entre comentario jocosos. “Yo también me drogo… pero con coherencia. Las drogas hay que tomarlas por diversión y no por devoción“, confesaba el más irreverente Mario Vaquerizo, cuyos comentarios banales e intrascendentes difícilmente ayudan a distinguir la verdadera seriedad del asunto del comentario desacertado, que provocaba la hilaridad del público. Pero que sin lugar a dudas forman parte del incoherente personaje.

Fabio Mcnamara se ha desnudado por completo en esta obra. Y no solo en el sentido más literal y desenfadado (que también) sino que ha querido mostrar todos los aspectos más relevantes de su vida, pero por encima de todo: los que él ha querido. “La cosa no consiste en mirar al pasado, Fabio está viviendo el presente y es feliz con el camino que ha tomado“. Ha sabido salvaguardar todo ese turbio pasado con la analogía que supone su redescubierta devoción religiosa. Y precisamente de ahí nacen las polémicas declaraciones sobre temas como el aborto o la homosexualidad. “Si te soy sincero, ni siquiera las he visto” comentaba el propio Mario al ser preguntado por el asunto. Y es que parece que tampoco le interesa lo más mínimo. Bajo la óptica del propio Vaquerizo, respeta la retrograda mentalidad de Fabio, pero por alguna razón “coherente” con su nueva anexión ideológica. “Lo raro sería que reconociera lo contrario si ha elegido ese camino“.

Afortunadamente no todo fueron asuntos polémicos. También hubo tiempo para recordar el verdadero legado de Fabio Mcnamara: sus cuadros. Preguntado incesantemente por la posible infravaloración de Fabio como artista, Mario reconocía que el pintor se encontraba en su mejor momento. “A Fabio no le interesa ser reconocido como artista, en todo caso prefiere ser reconocido como mujer“, y partiendo de esa base, poco o nada importa discutir sobre la condición o popularidad del artista, cuyo interés por el reconocimiento es denotadamente nulo. “A mi, por ejemplo, Barceló me parece un rollo. Creo que el museo Reina Sofía debería comprar toda la colección de Fabio” bromeaba el cantante de las Nancys Rubias.

Haciendo balance del encuentro, quedó un hecho manifiesto: sea cual sea la naturalidad del personaje, merece la pena conocer en profundidad al artista Fabio Mcnamara. No pretende ni convencer, moralizar o instruir ningún concepto. La incongruente naturaleza del personaje puede generar rechazo e incluso hastío, pero sin lugar a dudas supone el mejor acercamiento a una cultura más ligera y desenfadada.

Fabiografía” se establece como el último manifiesto sobre los años de la movida madrileña, un perfecto manual de estilo sobre la cultura más underground. Y por supuesto, articulado por un torrente de energía de similares características como es el propio Mario Vaquerizo.

Texto de Valen Ramos

Fotografías de Fran Vegas

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