IMG_2486Lo bueno llega a quien sabe esperar, así que eso hicimos: ser pacientes y respetar la demora. Sabíamos que iba a merecer la pena, lo que no sabíamos era que Xoel López y su banda  superían nuestras expectativas puestas en ellos.

‘Patagonia’ empezaba a sonar, la banda marcaba el compás y Xoel se entregaba a nosotros por completo. Nada más comenzar nos aseguraba que ‘Paramales‘ sonaría acompañada de ‘Atlántico‘  y de canciones de ayer; había tiempo para todo. Como buen hombre de palabra no nos defraudó.

Hombre de ninguna parte’ nos ponía a bailar, a conectar de lleno con la energía que traían todos encima del escenario. La evidente complicidad existente entre los componentes y la profesionalidad de cada uno, formaban en la sala una atmósfera especial que nos embriagaba de tal forma que perdíamos contacto con la realidad.

Se sucedieron ‘Laberinto‘, ‘Almas del norte‘ y ‘Caracoles‘ tema que, desde este verano en Madrid, no tocaba. Tras colocarse su armónica, el gallego nos dedicaba ‘Yo vi un hombre desaparecer’.

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La delicadeza con la que Xoel tocaba sus canciones llenaba de magia el lugar. Bastaba con echar un ojo a nuestro alrededor para poder ver la fascinación en la cara de la gente, algunos con los ojos cerrados, sintiendo las notas de cada tema calando por la piel, como en éxtasis. Antes de tocar ‘Un año más‘, el cantante  nos relataba el etílico nacimiento de este tema que, en un principio, iba a ser muy distinto a como lo es ahora. Muchos éramos los que le poníamos ímpetu a la hora de pedir canciones. ‘Tierra‘ se llevaba la palma, pero Xoel no quería dejar atrás el sol, por aquello del orden que tenemos en el universo, y nos dedicó ‘Sol de agua‘.

Sin duda, el momento más emotivo vino inmediatamente después cuando el cantante cedía a nuestra multitudinaria petición. ‘Tierra‘, una de esas canciones hermosas que no deja impasible a nadie, de esas canciones que hablan de la melancolía del paso del los años, de las inquietudes del ser humano ante su existencia, de esas que remueven por dentro hasta decir basta. ‘Historias universales‘ fue el tema que puso fin al primer asalto.

De la misma forma en la que se marcharon, con un tema del antiguo Deluxe, volvían a aparacer con ‘Rostro de actriz‘. En este primer parón sonaban dos temas más: ‘La casa hace ruido cuando no estás’, a dúo con la tierna voz de Lola, y ‘Todo lo que merezcas‘.

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Como si sufrir una vez por el hecho de que Xoel y su banda abandonaran el escenario no hubiese sido suficiente, ellos nos vuelven a castigar un poquito. Como era de esperar, no quisimos aceptarlo, así que no se movió un alma y no paramos de pedirles su regreso. Y su vuelta hizo que nos explotara el corazón de la emoción.

Desafinado amor‘ ponía el broche de oro a la gran noche. No nos faltó de nada: vimos el lado más rockero de Xoel, vivimos sus solazos de guitarra -si, fueron solazos- y nos emocionábamos -con lagrimilla incluida, claro está-.

Quizá nos quedamos cortos si definimos el concierto como mágico. Conocíamos de las buenas artes de Xoel y compañía, pero adentrarse en una pompa de acordes tan bellos y pulcros, acompañados de vivencias hechas canciones que llegan hasta lo más hondo del corazón siempre dejan una huella especial en cada uno, siempre hacen que haya un antes y un después de cada encuentro con el gallego y su banda. Larga vida a la buena música. Larga vida a su creatividad. Larga vida a Xoel López.

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Texto por Lorena López

Fotos por Sebastián Montiel

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