chatarreroParís 15 abría sus puertas el sábado pasado a todos los seguidores de Miguel Campello. La mitad de la sala estaba disponible para que la ocupásemos y encima, esa noche, nos hicieron palomitas.

La banda que acompañaban a Miguel Campello empezaban a tocar ‘La danza del fuego‘ y el vocalista se tiraba a comerse el escenario sin dudarlo. Empezaba fuerte, desde el primer momento subía a su cajón para hacer piruetas, aunque no se atrevió después a seguir con sus artes en la acrobacia.

El concierto que Campello nos dedicaba fue una mezcla de temas de ayer y hoy, de ‘Camina‘, de ‘Chatarrero‘ y, como no -y menos mal-, de ‘El bicho‘. También fue un no parar, un no parar literal, desde las diez y media pasadas de la noche hasta la una de la madrugada. A ‘Llámame mañana‘ le seguía ‘Parque Triana‘, una canción que nos trajo la nostalgia bichera, la nostalgia del pasado y que enganchaba directamente con ‘Mama Dolores‘.

La sensación que teníamos en todo momento era la de escuchar canciones de Miguel Campello tocadas por la antigua formación de El Bicho, con sus toques característicos que siempre han estado influenciados por aires hindúes en los que basaba su particular forma de hacer flamenco. Seguimos con una de cal y otra de arena pero a lo bien: ‘Hay que vivir‘, ‘De los malos‘, ‘Camina‘; y, entremedias de esas,  se atrevía a cantarnos, a su manera, la mítica copla de Miguel de Molina La bien pagá‘.

Como comentábamos antes, no nos dejó verle piruetear mucho, pero bien que se colgó una guitarra y dejó al lado su timbal. El no parar y el venirse arriba hizo que Campello cantase todas las canciones que pillaba de cualquier momento musical de su carrera hasta llegar al punto de olvidar qué estaba tocando. Y no pasaba nada, nosotros estábamos disfrutando tanto que ya, que nos echara lo que quisiera, que aquello iba a salir bien igual.

Hablar de un concierto de Miguel Campello es hablar de un desinhibición total de las formas, requiere una intención por nuestra parte de dejarse llevar por las sensaciones que son capaces de transmitir los músicos que tan bien saben arropar al chatarrero. Campello, capaz de hacer canciones que dejen los pelos de punta, que te lleven a quitar lastre de encima y a ser capaz de ver distintos matices que dan color a nuestra existencia. En definitiva, él camina ligero, a su ritmo, a su aire y, siendo sin querer o queriendo, transmite con su música esa filosofía de vida que tanto nos hace falta.

Querido Chatarrero, no dejes de caminar y de volver para contarnos cómo debemos hacerlo.

Por Lorena López.

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