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Sala Eventual abría sus puertas a las nueve de la noche del sábado para empezar a recibir al público que aguantaba estoicamente el frío. En la sala sonaba el funk rock de O’funk’illo que se mezclaba con el género heavy metal y temas de Genesis de forma aleatoria.

Una hora después de la apertura de puertas, Rafa Toro salía al escenario como telonero. Armado con su guitarra y su armónica -a lo Springsteen en uno de los mitines de Hillary Clinton pero añadiendole una frondosa barba- nos presentó seis temas incluídos en su trabajo ‘Morning pizza‘. Sus canciones flokies con mezcla indie nacional, coreadas por algunos y siendo descubiertas por primera vez por otros, las interpretaba disfrutando de cada acorde que las componía. Nosotros tampoco estábamos seguros de ser lo ‘suficientemente tranquis’, como él nos decía, pero bien que coreamos ‘Picadura de mosquito’ y nos animábamos a repetir el estribillo de ‘Me tienen miedo‘ o ‘Freewheelin‘. Toro, al que alguna persona del público lo bautizó como ‘El Dylan’, tras su puesta en escena haciéndonos saber que nunca antes había tocado delante de tanta gente, nos dejaba muy buen sabor de boca y se metió en el bolsillo a más de uno.

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Tras unos minutos de rigor, la banda de El Kanka se dejaba ver. El batería entraba en escena calentando muñeca poniéndole ritmo a ‘Llámame fino‘, tema que abría el concierto. Tras él salía el bajista que acompañaba la base musical y cuando el público la seguía dando palmadas, Alvarito, Manin y El Kanka salían al escenario arropados por el clamor del público. Estaban jugando en casa y eso se notaba.

El cantante malacitano estructuró el concierto en dos partes: una primera parte en la que sonaban sus temas más melódicos -cumbias, boleros y rumbas dedicadas al amor y las cosas bonitas-; y una segunda parte en la que tocaba dejar a un lado el romanticismo y ‘empezar a hacer el indio’ y dar rienda suelta al espectáculo que traía preparado Kanka con su fiel escudero Manin -como así lo bautiza él- y Alvarito.

Temas como ‘Ay vida mia‘, ‘Canela en rama’ o la rumbita romaticona ‘Querría’ estaban incluidos en la primera parte además de ‘Con las ganas’, ‘Para quedarte’ o ‘Vengas cuando vengas’, canciones con las que se creaban en el público momentos muy tiernos vinieras acompañado de tus amigos o de tu pareja, daba igual. Y es que es un hecho: se ha puesto de moda el amor otra vez. ‘Me alegra la vista’ y esa especie de oda maravillosa sobre la muerte como es‘Canción final‘, en la que Rafa Toro subía de nuevo al escenario para hacer los coros, cerraban la primera parte para empezar con la guasa.

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Nos quedamos agustico reivindicando nuestro derecho de hacer los que nos salga del santísimo gracias al tema ‘No jodan la marrana’; de seguido nos entraba la hambruna con ‘A dieta de dietas’ y ‘Ante la duda’ ya sabéis lo que dice nuestro paisano… ¡‘A desobedecer’!

‘Tarde’ la elegían para terminar el concierto. Kanka y su banda se marchaban no sin antes advertirnos de que volverían aunque solo una persona les pidiera un bis en un susurro. Pero nosotros de susurros nada -y de esperar menos- porque antes de que salieran del escenario ya pedíamos un bis con seis canciones más. El Kanka volvía pero no podía empezar ninguna otra canción sin antes dedicarnos su bulería malaguita dónde la ciudad es la protagonista. ‘Volar’, hermosa en su sencillez, canción que reconstruye alas que se pudieron quebrar en el camino y que te ayuda a impulsarte de nuevo sonaba mas pulcra que nunca; ‘Intrucciones para bailar un vals’ y ‘Que bello es vivir’ haciendo que la vida no parezca una cosa tan seria; Me gusta’ para ponerle el broche de oro a una noche redonda.

Lo que presenciamos el pasado sábado de la mano de El Kanka y su banda fue la auténtica gozadera. Ya he perdido la cuenta de las veces que he presenciado su espectáculo -tanto es así que podría subirme al escenario y soltar sus latiguillos entre canciones antes que ellos- y siempre vuelvo a casa con una sensación distinta. Así que os invito a que probéis y, si os gusta, repitáis tantas veces como os apetezca pero nada de ponerse a dieta de buena música porque, como decía Nietzsche, sin ella la vida sería un error.

Amiguitos, yo, con el permiso de ustedes, me quito el sombrero.

Texto por Lorena López

Fotos de Marina Martínez

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