Como cada febrero, el Museo Ruso despidió hace dos meses sus anteriores exposiciones para traer La dinastía Románov como muestra anual y Kandinski y Rusia como temporal. Estas propuestas, radicalmente diferentes entre sí, son, sin embargo, un resumen perfecto de los paradigmas rusos que todos los occidentales identificamos.

La familia Románov se aloja en la Tabacalera

La familia Románov, con su trágico final y la ayuda del cine, se ha quedado en la memoria reducida a la personalidad del zar Nicolás II y su hija Anastasia. Sin embargo, el Museo Ruso trae a Málaga una retrospectiva que abarca la historia de esta dinastía real desde 1613, año en que llegaron al poder. Además, la propia pinacoteca debe su origen al zar Alejandro III, padre del último emperador ruso, por lo que la muestra tiene un tinte a homenaje bastante claro.

La exposición se compone de más de doscientas obras pictóricas, escultóricas y de artes decorativas que, ordenadas cronológicamente, facilitan una visión general y significativa de la historia de Rusia y las numerosas influencias que el arte europeo ejerció sobre ella y a quien los dirigentes pretendieron imitar sin complejos.

Esta muestra se podrá visitar hasta febrero de 2018 y estará rodeada de actividades como el visionado de películas, conciertos, la lectura de textos e incluso performances. Para más información se puede visitar la web del museo.

Puro Kandinski

Quizá lo más problemático de las exposiciones del Museo Ruso sea la gran extensión de la anual y el sobrecargo de información que, a veces, marea al visitante. No parece que nos demos cuenta de que el Museo Ruso es uno de esos que requieren un par de días o más para degustarlo poco a poco, sabiendo prestar atención únicamente a lo que interese. Estaría mucho más lleno el museo si aprendiéramos a disfrutarlo.

Este problema no lo tienen las exposiciones temporales y, hasta el 16 de julio de este año, el Museo Ruso ha elegido hacer una monográfica de Kandinski, pionero de la abstracción para quien no conozca la obra de Hilma Af Klint. A través de 78 obras pictóricas, se hace un repaso por toda la historia de este artista y sus influencias, resumidas en iconos y artes populares rusas.

Hay que ver esta exposición por una sencilla razón: es un honor que Vasili Kandinski visite Málaga; un honor que probablemente no se vuelva a repetir. Es cierto que no han traído grandes obras del pintor, pero se equilibra con un discurso expositivo y montaje elegantes y una calidad en el final de la muestra que ya querrían muchos de los otros museos de la ciudad.

 

Galería fotográfica, aquí.

 

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