Con la ilusión que se tiene en los comienzos de las cosas bonitas, con la emoción de reencontrarte con aquello que te ha estado haciendo feliz durante tanto tiempo, así llegamos a Ojén. Preparamos nuestras mejores galas, como si se tratase del cumpleaños de un mejor amigo al que, por desgracia, por circunstancias ajenas a vosotros, sólo puedes verle ese día tan señalado. Y es que celebrar diez años de música es una cosa muy seria, tanto como casarse (guiño, guiño).

Viernes, 30 de junio. Celebrar 20 años de músico en el patio del colegio de Ojén.

Aparcas, te instalas, lo preparas todo para la noche y sales a la calle. Mariposas en el estómago al encontrarte con la plaza lista para la ocasión, sin que se escape ningún detalle, llena de gente y, al fondo, el escenario. Arista Fiera eran los encargados de abrir el Escenario Plaza. Media hora más tarde, Triángulo de amor bizarro en el Escenario Patio, aseguraban que habían aprendido a hacer mucho más ruido y nos lo iban a demostrar. Nos pusieron a tono, espabiló a los que venían más despistados y empezamos a calentar motores para la noche que nos esperaba. Nos dieron caña con temas como ‘Nuestro siglo Forn’ o ‘Gallo negro se levanta’ recogidos en su último disco ‘Salve discordia’ además de ‘De la Monarquía a la Criptocracia’ o ‘Delirio místico‘. Estamos de acuerdo en que este grupo debía ser el encargado de inaugurar esta Décima Edición del Ojeando.

Tras la sacudida, llegaba el cabeza de cartel del primer día de festival: Xoel López. Apenas hubo movimiento en la primera fila, no queríamos perdernos ni un sólo detalle del espectáculo. Los miembros de la banda que acompaña a Xoel en esta gira ocupaban sus puestos en el escenario y empezaban a sonar los acordes de ‘Historia universal‘. ‘I’ll see you in London‘ sonaba de seguido, aquello prometía. El gallego escogió para su setlist los favoritos de sus veinte años como músico, veinte años en los que no ha dejado de crear verdaderas maravillas. ‘Hombre de ninguna parte‘, ‘Tendrás que esperar‘ -que nos teletransportaba dieciséis años atrás-, ‘Tierra‘ para emocionarnos. Pedimos ‘Amor valiente‘ y entre todos los componentes la tocaron; los ritmos de samba con ‘A serea e o Mariñeiro‘ nos hacían vibrar. Nos dejábamos la voz con la canción sobre venganza más elegante antes escrita, ‘Todo lo que merezcas‘, y, para terminar de darlo todo, brincamos y gritamos con ‘Que no’. Si de por sí al Escenario Patio lo envuelve una atmósfera especial, es un lugar que tiene magia, si además de eso Xoel López entra en la bóveda y nos baila y nos canta con su camisa de lunares canciones que llegan al alma, pa’ que más.

Turno de Sidonie. Pasábamos de lo intenso al pop despreocupado. Su rollo funciona, te hace bailar y hasta corear sus canciones aunque sea tu primera vez con ellos. Con una larga trayectoria musical a la espalda -nada menos que una década- no dedicaban canciones de su último disco como ‘Os queremos‘, ‘El peor grupo del mundo‘ o ‘Carreteras infinitas‘ y temas mas antiguos como ‘Un día de mierda‘ o ‘El incendio‘. Dueños del escenario, moviéndose por él como Pedro por su casa, ellos parecían disfrutar tanto o más que su dedicado público. Como de costumbre, Marc Rose en los hombros de un espectador entregado por la causa, recorría la muchedumbre haciendo más cercana si cabe su música.

Y seguimos para bingo. Apenas nos movimos del sitio ya que tocaba el turno de Second. No hemos podido disfrutar de ellos desde hace cinco ediciones y, aunque echamos de menos el momentazo que se marcaba Sean Frutos al escalar por la estructura metálica del escenario, no dejaron de marcarse un conciertazo. ‘Nivel experto‘, ‘Nos miran mal‘, ‘Atrévete‘; ‘Rodamos‘, ‘Muérdeme‘, ‘Rincón exquisito‘. Como cabe esperar hicieron repaso de sus temas más sonados de discos anteriores intercalados con temas de su último trabajo ‘Viaje iniciático’.

Para los valientes, para los que aún nos quedaba mecha, terminábamos de darlo todo con We are not dj’s que se marcaron una sensión del copón. Desde el rock puro Queen o Red hot chili peppers hasta lo más castizo de nuestro panorama nacional como Ojete calor o Las Bistecs o el rollo indie de Izal, (que quizás bailó el propio Mikel, que se encontraba entre el público) supieron elegir temas con los que terminar de quemar suela.

Sábado, 1 de julio. Viajar a Detroit tras bajar y subir (y volver a bajar) alguna que otra cuesta.

A pleno sol comenzamos el día buscando las cuevas del pueblo en las que, horas después, tendrá lugar el concierto de La bien querida como actuación sorpresa para el público VIP. Parece que en la segunda jornada de conciertos hay más afluencia de gente, y aunque no se consiguió el sold out al que nos hemos estado acostumbrando años atrás, personal de la organización comentan que las ventas oscilaron entre el 85-90%.

Los que no pudimos disfrutar del concierto en cuevas por no ser VIP, podíamos quitarnos el gusanillo acudiendo al Escenario Plaza en el que se encontraba una sorpresa: Side A, un grupo de versiones de canciones de los setenta/ochenta que se encargaban de abrir la última noche en la plaza.

Poco después empezaba en el Escenario Patio el emblemático grupo malagueño Airbag. Adolfo, voz del grupo, representando a nuestros queridos amigos de El Muro indie rock bar con su camiseta, empezó a dar caña. Su estilo rock-punk que bien nos podía recordar a grupos como ‘Los Nikis‘ o incluso ‘Green Day’ nos iba preparando para lo que nos esperaba en el último día de festival. Tocaron canciones de su último disco, ‘Gotham te necesita’, como ‘Ladrones de cuerpos’ o ‘Hijos de Hawaii’ además de temas recogidos en discos anteriores. A ritmo de todos sus temas el público, formado por seguidores de la generación airbag hasta la generación millenial, no dejaba de saltar y corear todos los temas.

La frondosa barba y la pelambrera de Ángel Stanich, junto con su banda, aparecían en el escenario y se hacían con él. ¡Vaya garra mostraban estos chicos, dejándose la piel en el escenario! Un setlist variado formado por temas como ‘Camino ácido’, ‘Un día épico’ –single de su nuevo EP– o ‘Señor Tosco’. Stanich empeñado en volver a salir en el Diario Sur como hace dos ediciones; nosotros empeñados en que íbamos a hacerle un pucherito para que nos aguantara todo el concierto. Lo que no sabíamos es la energía que ese muchacho tiene dentro; tampoco sabíamos que nos iba a dejar con la boca abierta. Y es que amigos, aunque nos lo advirtieron, no pensábamos que aquel bohemio y escurridizo joven, con sus letras intensas buscando no contentar a nadie si no hace falta y esa voz tan peculiar y rasgada nos conquistara de esa forma. ‘Metralleta Joe‘ y ‘Carbura‘, por supuesto, no podían faltar.

Tras este buen sabor de boca, Miss Caffeina cogía el relevo. Purpurina en las guitarras, outfit de estampado animal, estilo por doquier. Les esperábamos con ansia y ellos lo sabían. ‘Detroit‘ abría el concierto y, desde ahí, casi no hubo momento para el descanso. Una canción tras otra nos hacía disfrutar de lo lindo, nos sacudía dentro, nos llevaba hasta el éxtasis. ‘Gladiador‘, el reggaeton de ‘El rescate‘ nos desinhibía del todo, ‘Hielo T’, ‘Modo avión’ y ‘Venimos’ la rescataban de su penúltimo disco ‘De polvo y flores’. Capitán‘ no podía faltar y, por supuesto, el canto al amor libre tampoco con ‘Oh! Sana’. Tras una explicación del nacimiento de ‘Ácido‘, con sus sintes ochenteros, y una merecida mención al creador de la base del tema, Álvaro Navarro, seguimos bailando. Algunos privilegiados de primera fila, ojo avizor a la coreo’ que se estaba marcando Sergio Sastre -sin vaso en la cabeza aún, ejem-, pretendíamos imitarle. Como no podía ser de otra manera, como broche final a semejante concierto, sonaba ‘Mira como vuelo‘. Nos demos la piel todos; ellos con nosotros y nosotros con y por ellos.

A algunos no nos quedaba voz ni fuerzas para lo que venía, nada mas y nada menos que Belako. Tienen una puesta en escena brutal y una fuerza indescriptible. Ya dieron de qué hablar en su estreno en este festival hace dos ediciones. Con sólo dos discos en el mercado han conseguido armar un revuelo considerable. Disfrutan llevando sus temas euskera-ingleses al público y se les nota. Si no les conocías antes resultaba un poco difícil distinguir entre un tema y otro ya que la dinámica es muy parecida y su ruido hace mucho. De su último disco publicado, ‘Hamen‘, nos dedicaron canciones como ‘Fire Alarm’ aunque también hicieron repaso hasta su primer disco con canciones como ‘Sing of confusion‘.

Si después de todo esto te quedaban fuerzas para rematar la noche, ahí estaban los componentes de Mordisco con su dj set para amenizar la noche. Tras un tímido decorado de escenario, con el repertorio preparado y un público variopinto, Mordisco tenían por delante dos horas en las que hacer lo que mejor sabían: que no decayera la fiesta. Y no fue así, pues entre el público se sucedieron los bailes coreografiados, las “clases de zumba” o las espontáneas (y finalmente masivas) subidas al escenario.

Ojén un año más regalándonos momentos mágicos y música a raudales. Cuesta mucho despedirse del pueblo y saber que, hasta dentro de un año, no podrás volver a vivir algo igual. Y es que, por muchos festivales que haya o nazcan, ninguno jamás va a conseguir igualar la esencia que este pequeño gran festival destila. Sus gentes, su ambiente, la dedicación con la que se trabaja y el mimo con el que se crea cada detalle lo hace único e inigualable. Larga vida a Ojén, a los que lo hacen posible y a la música -y, por supuesto, a la tortilla de patatas de La Mondeña, ¡no la podía dejar atrás!-.

Todas nuestras fotos del Ojeando festival, aquí.

Texto por Lorena López.

Fotografías de Joselu Pérez.

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