Después de su entrevista con Javier Gallego en Carne Cruda, y horas antes del concierto en la Sala But (Madrid) donde colgaron el cartel de Sold Out y confirmaron que reivindicar Raval es más necesario que nunca, nos reunimos con Toni S. Pardines (Panxo) vocalista de Zoo, en el Café Pavón donde conversamos, entre trucos de magia de Luís Piedrahita.

Creó Sophy Zoo, y luego formó parte de Orxata Sound System y Riot Propaganda, antes de emprender un nuevo proyecto, antes de que Zoo apareciese en el panorama musical. Panxo, lo tenía claro, quería dejar atrás el rap ortodoxo con el que se inició y “hacer algo más de baile, para divertirse en el directo”. Además decidió que era momento de pasar del castellano al valencià, “creía en el uso de la lengua como una forma de reivindicarla y de defenderla”, confiesa.

Desde su formación en 2014, y la aparición del tema Estiu, la banda ha crecido de tal manera que ya no es extraño verles colgar sold out en cualquier sala del Estado español o de formar parte de los lines up de las citas estivales. Ellos mismos se sorprenden y entiende que todo lo que ha venido desde Estiu, lo han hecho para defender que, a pesar de lo meteórico de su carrera, nada ha sido casualidad, “hemos intentado estar a la altura de lo que pasó al principio, todo el tiempo, y a mí, personalmente, me ha supuesto bastante presión”. En estos cuatro años, desde la formación de Zoo, la banda ha sacado dos discos, ocho “escenas cotidianas”, dos remixes, y todo ello acompañado de un contenido multimedia muy cuidado. Panxo explica que “a nivel de tiempo llevamos una tercera parte de grupos que llevan diez años, pero a nivel de trabajo, de cantidad y, yo diría, incluso que de calidad, llevamos la misma cantidad de trabajo”.

Algunos medios han etiquetado la música que hacen como “músico político-festiva”, Panxo cree entender que lo dicen por lo movido de su música y lo reivindicativo de sus letras, aunque él suele decir que hacen “rap electrónico, más rápido de lo normal, incorporando instrumentos analógicos; bajo, guitarras y vientos”. Sin embargo, bajo la percepción holística del concepto política, el músico tiene claro que “toda la música, y todas las acciones, al final son políticas y la música que no tiene letras reivindicativas también hacen política por omisión”. Y es que la situación política vivida en el País Valencià tiene un peso muy importante en la trayectoria musical de la banda y así se ve reflejado en sus trabajos. Tal y como explica Panxo, Tempestes vénen del Sud era un disco que apelaba mucho a creer en un cambio que se estaba viviendo en ese momento. En el País Valencià estábamos ante la oportunidad histórica de sacar al Partido Popular de las instituciones donde habían estado veinte años y donde lo habían copado absolutamente todo. Nos habían robado todo. Y ese momento, que parecía que nunca iba a llegar, lo teníamos delante”. Sin embargo el reflejo de su segundo disco, Raval, es distinto. La banda pasa del optimismo inicial a  dar un golpe en la mesa para abrir conciencias y recordar que aún queda todo por recorrer, “nos hemos dado cuenta de que esa transformación que tanto anhelábamos es mucho más compleja que el hecho de tomar las instituciones”. Y es probable que no ayude el hecho de que la burguesía valenciana, tal y como relata Panxo, siempre se ha identificado con la idea de España y el señorito español, propiciando un componente de auto odio, en mucha gente, hacia su propia lengua. “A nivel político e identitario es terrible la de complejos que existen en el País Valencià. La burguesía, y la gente rica, siempre ha querido parecerse a la gente de Madrid, a esa España conservadora y franquista. Por eso el País Valencià ha sido, históricamente, uno de los feudos del Partido Popular, incluso más que Madrid”. Pero Panxo si que tiene esperanzas. Cree en los cambios suscitados en la gente en los últimos años, tanto en su forma de pensar como en su capacidad transformadora, en la visión más digna que tiene el valenciano sobre si mismo y sobre su propia identidad. Piensa que mucho de esto es gracias a Mónica Oltra y Comprmís, y a su capacidad para reapropiarse de las tradición valenciana, que anteriormente el Partido Popular había desvalorizado otorgándole únicamente un papel folclórico, y volver a darles el peso que se merecen en la identidad cultural del País Valencià. El músico explica que en su televisión de Valencia tiene “ciento treinta canales, pero no veo TV3 porque está capada, no vaya a ser que nos catalanicemos, y Canal9 no la veo porque está apagada desde hace tres años” Y sin embargo ahí siguen, resistiendo,  “así que al final, si existe algún motivo para alegrarse, al ver que a pesar de todo, más de la mitad de la  población del País Valencià continúa utilizando el valenciano como lengua vehicular, y eso es una historia de resistencia brutal”.

Un grupo cuyas letras no dejan duda a su posicionamiento político y que adoptan como lengua, para expresarse, el valencià como una forma de reivindicación, podría denominarse un grupo para gente de izquierdas, sin embargo Panxo, probablemente sin intención alguna, expone una clase magistral del postureo, que también alberga la gente de izquierda. “Creo que los grupos de música, hoy en día, funcionan para que la gente se identifique con ciertas cosas que al final no dejan de ser símbolos. Es decir, la gente que viene a nuestros conciertos, a los de La Raíz, o a los de todos los grupos que va al Viña Rock con su bandera, después no participa en nada en el día a día. Al final no deja de ser, por desgracia, un simbolismo, una manera de identificarte con una estética, no con una ética”. El músico piensa que la música puede ser un acompañamiento, un despertar de conciencias para los cambios y la transformación, pero “a nivel de acción, que al final es lo que define los cambios, el hecho de ir a un concierto, no cambia nada. Los agentes de transformación son las asambleas, las asociaciones… que están ahí en las asambleas, están peleando en las trincheras. Joder, cuando vas al Viña Rock y ves a tanta gente cantando ciertas canciones y piensas, ¿con la energía que hay, aquí ahora mismo, como puede ser que no esté pasando nada?”.  Así que la música, además de ser política, también puede ser clasista, ser más una postura estética que ética. Incluso el rap. Ese género que aboga por la reivindicación de lo que sucede en las calles también es uno de los géneros que más gala ha hecho “de la virilidad y del macarrismo” y que aún tiene “que hacer mucha revisión crítica”. Crítica que al género del reggaetón, ritmos que suenan en algunos de los temas de Zoo, no se le perdona, “hay una visión clasista en esto del reggaetón. Clasista del consumidor europeo que consume música europea”. Panxo hace referencia a ese consumidor que critica las letras machistas que se le conceden al género pero que carece de visión crítica cuando es música que no se engloba bajo esa etiqueta.

Es curioso como el público consume música en otras lenguas, desde Zoo a Manel, Berri Txarrak, Antònia Font, a pesar de la represión del Gobierno central por callarlas y el afán de presentarlas como una barrera en lugar de como un enriquecimiento cultural. Panxo también lo vive de esa manera, “poco a poco se han ido rompiendo muchas barreras, mentales”. Desde que la banda empezó, han tocado unas diez veces en Madrid y el músico reconoce que “cada vez hay más gente que viene, que celebra las canciones y que muestra curiosidad real y sana por aprender nuestra lengua”. Pero también pasa en Granada, en Salamanca… “es muy bonito. Sobretodo porque nosotros estamos defendiendo una lengua que ha sido minorizada, que está constantemente en peligro, siendo atacada y que a muchísima gente del Estado español le gustaría que desapareciera para siempre”. Por eso cuesta entender que si  el público respeta, consume, disfruta con expresiones artísticas en otras lenguas, las salas, promotoras y festivales les programan se siga dando esta situación, siga existiendo ese miedo centralista. Panxo aduce al “ADN del proyecto nacional español”, y refiere la necesidad del Estado español de hacer desaparecer cualquier cultura, lengua e identidad que no sea la estrictamente española, tal y como se hizo en la conquista de América, “el único proyecto, el proyecto de la República, que intentaba preservar, respetar y entender el proyecto nacional de España desde la diversidad duró dos días y tuvo un castigo de 40 años”.  Y de hecho hay cosas que no cambian, y la España más fascista sigue hablando de adoctrinamiento en las escuelas en los territorios donde el castellano cohabita con otras lenguas. Donde siguen existiendo muchas Marifé que siguen siendo señaladas y apartadas del sistema educativo, “hay un victimismo en algunos sectores de tendencia más españolista diciendo que se adoctrina, que no están aprendiendo castellano o inglés, y están aprendiendo catalán que es una lengua que no sirve para nada y luego están los datos, los resultados que dice que la educación pública catalana es la que mejor prepara a sus alumnos, los estudios que dicen que la gente que aprende varias lenguas desde pequeñitos luego tiene más aptitudes y capacidades para ciertas actividades y…. es que España es así”, expresa con cierto tono de resignación.

Strawberry, Valtònyc, La Insurgencia, Hasel… parece que el pensamiento libre y el discurso reivindicativo está más perseguido que nunca, sin embargo y aunque Panxo refiere que “la ofensiva del estado en ese sentido es muy fuerte”, el músico verbaliza no ser de los más explícitos en letras puesto que les gusta jugar con la lírica y las metáforas, significados abiertos… a pesar de esto, de que si que se siente ese miedo él prefiere quedarse con las respuestas y acciones colectivas que están teniendo lugar, “tampoco me gusta hablar del miedo. Ante eso, se generan este tipo de respuestas y crea un momento complicado en el que hay que ser, a nivel colectivo, muy inteligentes e intentar articular una respuesta organizada, inteligente y que cambie un poco la situación”. Está claro que hoy día, más que nunca el significado que Panxo quiso otorgarle a Zoo, animales enjaulados, está más vivo que nunca, “a nivel de sociedad estamos en una jaula sistémica. Existe una superestructura que genera este tipo de sociedad en la que nos vemos unos a otros como enemigos, una competitividad extrema, mucho miedo a la diferencia… muy poco margen de transformación. De cambiar la realidad y abrir esa jaula”.

Una idea musical breve, que puede proponer alguno de ellos o se las hace llegar algún productor, la creación de las letras, que suele ser tarea de Panxo o Arnau, para finalizar la composición con arreglos musicales, “hasta que quede una canción pop, más redonda”, ríe Panxo. Esa es la sencilla fórmula con la que se crean temas como Estiu, Vull, Ventiladors… Temas que defienden con la misma actitud tanto en un festival como en una sala. Sin embargo Panxo revela que una vez en el escenario “el feedback con el público hace que el directo vaya por un camino o por otro. Eso es lo bonito, cada concierto es un mundo”. Y aunque cada concierto sea un mundo el músico tiene en el recuerdo algunos que marcaron un antes y un después para la trayectoria de la banda. El concierto presentación de Tempestes vénen del Sud, en Valencia, “fue una noche muy bonita, se veía un interés, y se veía que la gente se preguntaba qué pasaba con esto”; el último que dieron en el Viña Rock en 2016 donde abrían la jornada, a las cuatro de la tarde, “al empezar vimos una marabunta viniendo hacia el escenario. La propia gente del Viña Rock nos dijo que se habían quedado flipados”. También recuerda uno reciente, importante para la banda a nivel de ejecución, técnico, el que dieron en la Sala The One, Alicante, presentando Raval,  “para nosotros, que nos gusta exigirnos, fue muy reconfortante pensar que hemos subido un escaloncito y que se abre una etapa nueva en ese aspecto. Podemos decir que ahora somos uno poco mejores y vamos a defender hasta dónde hemos llegado”. Y para que el resto demos cuenta de cuánto mejores son, nada como seguir la agenda de la banda y fichar (aquí) si te los vas a encontrar en alguno de los festivales en los que estarán este verano. Panxo ya adelanta que le tienen muchas ganas a esta nueva edición del Viña Rock y a cualquier directo que tengan por la zona de Galicia, por que  desde que empezaron a ir “la gente nos recibe con locura. Cuando vamos nos quedamos flipados con el nivel de apoyo”.

Ha sido más de una hora de conversación en la que Panxo se ha mostrado reflexivo y crítico con la música, con la situación política del País Valencià y del Estado español, donde ha seguido reivindicando la defensa del valencià como lengua vehicular. Más de una hora de conversación en la que el líder de Zoo ha demostrado que el ideario de la banda, por mucho que él argumente que no son instrumento transformador, va en consecuencias con el ideario personal. Que si la música está llena de posturas estilísticas más que de posturas éticas, esto no es lo que sucede dentro de los de Gandía. Más de una hora de conversación para entender una de las afirmaciones que hacía al iniciarla “estamos muy contentos pero también un poco cansados”. Pero que no cunda el pánico, que no sobrevuela ninguna despedida. Y así lo confirma el músico, “a mí me gustaría seguir unos añitos, hasta que haya fuerzas. Quizás en un año echar el freno, descansar, asimilar estos años y pensar en la siguiente fase”. Mientras llega ese momento, pongámonos al Raval de la història.

Qué se te pasa por la cabeza?

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