Como pelo al gato: hablamos con Guadalupe Plata

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El verano había llegado ya a la capital granadina, ¡y de qué manera! Y nosotras, muy osadas, habíamos quedado a las seis de la tarde para entrevistar a la voz de Guadalupe Plata, Pedro de Dios, o lo que es lo mismo, Perico, quien fue lo bastante astuto como para salvarnos de ese alarmante calor invitándonos a tomar el café a su piso.

Nos recibía un pasillo en el que colgaban por orden las portadas de sus LPs enmarcadas. En la sala de estar, al final, su más querida munición, sus instrumentos de cuerda. De fondo, el tocadiscos que Perico ponía en marcha mientras nos invitaba a sentarnos a la mesa bendecida por un gran cuadro de T-Model Ford. Café solo y largo sobre la mesa, la entrevista daba comienzo.

Vuestro anterior trabajo lo grabasteis en Texas y para éste os habéis desplazado hasta Londres, ¿por qué os decidisteis a grabarlo con Liam Watson en Toe Rag?
Pues yo en realidad no tenía ni idea de que existía este estudio, pero hace unos meses fuimos a tocar allí y aprovechando la visita fuimos al estudio porque en al discográfica nos habían hablado de él. Cuando lo vimos supimos que venía a pelo para lo que queríamos hacer nosotros, estaba preparado para grabar en directo, en analógico y encima la retaguardia de discos que tiene este hombre suenan muy naturales, no como si estuvieran producidos. Y bueno, nos los propusieron y… ¿por qué no?

¿Se graba mejor con un viaje de por medio?
La verdad es que estas cosas están surgiendo casi de casualidad. Vamos a sitios donde vemos que la cosa puede funcionar y se adaptan a lo que hacemos. No está premeditado, surge y ya está.

Y, ¿seguís siendo fieles a la idea de grabar en directo?
Sí, me parece fundamental. Cuando tocas blues el hecho de grabar por pistas pierde un poco la magia del momento, incluso que el tiempo no vaya perfecto o que la guitarra se equivoque en un momento dado creo que le da más naturalidad. También refleja de una manera más fiel lo que uno hace, no como en el caso de esos discos que suenan perfecto y luego en directo no tienen nada que ver.

En este disco la voz suena con más fuerza que en los anteriores, ¿por qué le habéis dado más importancia esta vez?
Pues resulta que a medida que pasa el tieMpo yo me siento también más agusto con la voz, la verdad es que yo nunca había pretendido ser cantante, me vino porque era lo menos malo de los tres. Así fue como cogí el tema de la voz y en esta grabación no la veía tan mal como para taparla demasiado. Me apetecía darle un poco más de claridad y no perderla tanto. Me sentía más contento con el resultado.

“tiene gatos, tiene un asesinato, es oscura…tenía que estar”

Calle 24 fue la carta de presentación del álbum, ¿cómo llega a vuestro repertorio, y encima a ser el single de vuestro trabajo, una canción popular como ésta?
Es una canción que en realidad ha estado siempre ahí, en la calle, y cuando la descubres te das cuenta de que va como pelo al gato, nunca mejor dicho *risas*, a lo que hacemos nosotros: tiene gatos, tiene un asesinato, es oscura, la cantan los niños pero realmente es un asesinato. Es la hostia. Tenía que estar.

Aparte de la famosa vieja que mató al gato con la punta del zapatos, Hueso de Gato Negro y El Paso del Gato, Guadalupe Plata menciona a este animal otras tantas veces en disco anteriores, ¿qué significado tiene este animal?
El significado no va más allá de la cosa digamos de andar por casa. De alguna manera le gato ha ido apareciendo pero tampoco lo hemos ido buscando. Por ejemplo El Paso del Gato no deja de ser una canción anterior que se llamaba The Cat Walk, de música instrumental de un rhythm and blues del que yo robé unas cuantas frases y me parecía adecuado el título porque la canción ya se llamaba así, pues vamos con los gatos para adelante *risas*. Luego la otra, el Hueso de Gato Negro es un talismán que usan los bluesman en las bolsitas de mojo, y en este caso viene de una canción de Son House. Entonces parece que todo al final coincide. Cuando te gusta una canción aparece el gato.

La portada la has diseñado tú, ¿por qué T-Model Ford?
A mi me flipa. Además representa uno de los últimos bluesman vivientes que aún mantenía un estilo campestre, de dedo gordo como digo yo, donde los ritmos son destartalados. Respiraban un poco el blues de los años 20 que para nosotros de alguna manera siempre ha estado muy presente. Además visitamos la tumba en el viaje a Mississippi y pasó aquello de las hormigas. A mi me pareció una especie de señal, parecía la portada perfecta. En resumen es una forma de homenajear a aquello que pasó y a T-Model Ford.

Después de dos portadas en blanco y negro, ¿cómo entra el rojo en ésta? ¿implica la evolución de Guadalupe Plata?
Bueno, a mi me gusta muchísimo el rojo y creo que es un color que va también al pelo con nuestros discos y con nuestra música. Tampoco he tenido un obsesión con hacerlo todo en blanco y negro, si se colaba algún color no pasaba nada.

Este año actuáis en el festival Etnosur y leí que le queréis dar un aire más flamenco a esa actuación, ¿cómo encajan el blues de Guadalupe Plata y el flamenco?
Si te digo la verdad, en la música que hacemos nosotros siempre ha estado eso metido. A veces de una manera involuntaria, pero cuando te paras a escuchar te das cuenta. La primera idea que teníamos era coger a un bluesman del Mississippi aprovechando la visita, pero cuando te empiezas a meter en terrenos de blues fandangosos, resulta que los artistas de la movida están podridos. Unos están en la cárcel, otros desaparecidos o les han dado un ataque al corazón, como Robert Belfour, que era el que más me gustaba. Ahí se nos cortó un poco el rollo. Al final a lo que podías acceder era el blues relacionado con Chicago, un estilo más encajonado que me gusta pero que no era lo que yo quería. Así que la siguiente cosa era ver algo que tenías más cerca, en este caso el flamenco. Al final vamos a coger a un bailaor, Daniel Navarro, y a base de unos palmeros y un ataúd vamos a intentar montar algo. Vamos a aprovechar que nos dan cobertura para montar algo con más elementos, aunque siendo sinceros yo prefiero las cosas escuetas.

Hace unos meses comenzásteis la novedosa iniciativa de compartir una lista temática a la semana desde vuestro perfil de Spotify, ¿cómo surge la idea? ¿pensáis que es una buena forma de acercar a los fans esta música?
Muchas veces nos han pedido que digamos nuestras influencias o lo que nos gusta y a base de notar que hay gente que incluso cuando vas a los sitios a tocar te preguntan por esto, decidimos montar esta serie de listas por mostrar un poco de dónde venimos, lo que nos gusta y por compartir música.

Y, ¿por qué siempre 13, el número maldito?
Porque tiene su punto, no deja de tener también su rollo. Como los gatos *risas*.

En Granada dicen que algo debe de haber en el Darro para que haya tanto talento musical, pero Úbeda tampoco se queda corta. ¿Qué sale entonces de la fusión Granada-Úbeda?
En realidad, tanto en Úbeda como en Granada he encontrado a gente muy afín en el modo de pensar, de ver las cosas, de hacer música. Creo que tanto en Granada como en Úbeda hay músicos de buenísimos y de alguna manera incluso diría que con la misma manera de ver las cosas. Más que fusión diría que se trata de una extensión, son ciudades muy cercanas.

“la música debería tener apertura a los niños sin problema”

Es la primera vez que tocáis en Ojeando, ¿alguna vez habíais imaginado que tocaríais en el patio de un colegio con tanta gente?
No sé si hemos tocado alguna vez en el patio de un colegio, pero todos los sitios que se salgan un poco de lo común, bienvenidos sean siempre. Me parece muy interesante llevar los escenarios a los sitios que menos esperes.

¿Eso sería viable en el colegio al que íbais de pequeños?
Sí, se hacía de hecho. En el fin de curso, aparte de los bailes que hacían entre las distintas clases, había una actuación de rock en la que tocaba el grupo de rock de ese momento. Todos los años había un concierto de rock. Más tarde degeneró y llevaban verbenas autoprogramadas *risas* pero estaba gracioso.

Hablando de colegios y de peques, Ojeando es otro de los muchos festivales que está apostando por darle un espacio a los más pequeños con su espacio Ojeando Kids, ¿os hubiera gustado disfrutar de una oportunidad como ésta?
Lo que pasa es que cuando yo era chico no había tanta prohibición, en cierta manera había más cercanía por parte de los niños. Al que le gustaba un poco el tema de la guitarra eléctrica se buscaba un poco la vida y estaba ahí metido. Pero a mí me parece bien que la música no llegue sólo a grupos determinados, sino que se abra lo máximo posible. Debería ser así, el rock y toda la música en las salas debería tener también apertura a los niños sin problema.

Por Ana López y Mar B. Zapata