Dos días de movida musical en Ojeando Festival.

Jornada del viernes.

Como cada año, el pueblo de Ojén y sus gentes lo tuvieron todo preparado para la acogida de centenares de personas en disposición de disfrutar lo que allí se ofrecía: dos días de movida musical que siempre se nos hace corto para disfrutar todo lo que quisiéramos. Aunque a veces lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Cierto es que, en comparación con los años anteriores, el Ojeando Festival acogía menos personas no consiguiendo el SOLD OUT antes del comienzo del festival sino el último día de actuaciones, para el cual Fangoria se hacía con todo el protagonismo de la noche. Por la gran mayoría de los asistentes era comentada la singularidad que presentaba el cartel de este año. Frente a la novedad, el ambiente pueblil se mantenía como en los años anteriores y el escenario plaza acogía grupos como The Loud Residents, Jammin Dose o Bud Spencer Band entre otros.

Ruido Blanco eran los encargados de inaugurar el festival con su estilo melodrama que cautivaba a los pocos que al principio nos encontrábamos en el Escenario Patio. Además de tocar parte de su repertorio musical, ofrecieron un homenaje a Antonio Vega y su “Se dejaba llevar por ti” y al italiano Lucio Battisti enganchando el final de Desaparecer con »Il mio canto libero» . Muchos tuvimos la sensación de que no fue del todo justo que los componentes ofreciesen sus buenas artes a tan pocos testigos.

Los barceloneses Delafé y las Flores Azules dieron buena cuenta de la cantidad de energía que guardaban y su imperiosa necesidad de transmitirla al público. Todos nos vimos involucrados en el juego de bailes y buenas vibraciones que Helena Miquel y Oscar D’aniello irradiaban, sobre todo con su tema La primavera, que hizo re-enloquecer al público.

Llegaba el turno de Izal, el grupo esperado -y aclamado- por todos. Alejandro Jordá hacía sonar de manera pulcra y precisa su batería anunciando la llegada de La despedida.

El Escenario Patio terminaba de llenarse casi al completo y los madrileños declaraban su propósito de hacernos felices aquella noche. Y lo hicieron como mejor saben, siendo certeros a la hora de elegir los temas con los que deleitarnos, ganándose de nuevo a todos los que estuvimos fieles a ellos un año más. Insaciables nos dejaban al acabar y, aunque sabiendo que no habría tiempo para más, se escuchaban, entre vítores y aplausos, las ganas de bises. Quedaba bien reflejado la gran organización con respecto al tiempo de concierto de cada grupo invitado que este año estipulaba el festival.

Los chicos de Sidonie traían consigo una puesta en escena basada en neón y Canadá en honor a su nuevo trabajo Sierra y Canadá; y fue lo que más destacó del concierto, ya que no consiguieron que parte del público se mantuviese el Escenario Patio. Pese a ello, era destacable el renovado trabajo que presentaban junto con el sonido único que los caracteriza; sin dejar de mostrar su notable veteranía encima de un escenario y la naturalidad con la que el polifacético Marc Ros se daba un paseo por entre el público.

En cambio, The Right Ons volvieron a dar un cambio al ambiente. Su estilo puramente rockero hizo levantar el ánimo de los cansados cuerpos presentes e incluso a los que comentaban no ser muy asiduos a la banda. Entre el guitarrista Álvaro y el batería Rams se intercambiaba la voz cantante de sus temas, algunos en inglés y otros en español, sin perder la esencia del grupo. On the radio, Rojo intenso o Aturdido fueron unos de tantos temas que nos dejaban con muy buen sabor de boca y con ritmos frenéticos venidos del rock en nuestros cuerpos. Como con ganas de no acabar con las dosis de desenfreno, The Right Ons se auto-congelaban en el escenario para luego romper con nuestras ovaciones, dejándose la piel en el escenario casi de forma literal.

La fiesta siguió para los valientes con la pinchada de Ley Dj, otros volvimos a casa con la certeza de que el Ojeando Festival se guardaba lo mejor para la jornada del sábado.

Texto por Lorena López

Fotos de Fran Vegas