Exquisita Leonor en el Ars Málaga

How high, how high, how high will I go this time?” se preguntaba Leonor Watling el pasado viernes durante los primeros segundos de concierto en «Ars Málaga» del Palacio Episcopal. La respuesta no se hizo esperar: difícilmente podrían defraudar ante un aforo prácticamente completo que esperaban impacientes a la actriz y cantante, acompañada por guitarra y el piano, de su siempre escudero,  Alejandro Pelayo.

Prometemos cantar todo tipo de canciones, versiones y sugerencias, tanto en español, inglés… o en letras inventadas de Leonor. Es nuestra navaja suiza” bromeaba Alejandro Pelayo, mejor pianista que humorista sin lugar a dudas. El resultado de esta miscelánea fue “Hold me tight”, “Madness” y “Exquisita”, la primera triada con la que abrieron el concierto en un enclave inaudito hasta entonces. Encargados de abrir el II Ciclo de Cine Humano de la Diócesis de Málaga, El Palacio Episcopal cedió su patio principal para la ocasión. ¿El resultado? Una cuidada atmosfera y acústica sin precedentes, gracias a las columnas y arcos que conformaron el espacio abierto.

«Agradecemos al obispo de Málaga haber organizado este concierto de Marlango y permitir otro tipo de… comunión» insistía el pianista cuyo sarcasmo convergian siempre en sonoras carcajadas. Con sentido del humor o sin él, es la propia participación de Alejandro la que termina por «aligerar» un directo por momentos denso, sobre todo para aquellos que no terminen de encajar los golpes de blues y jazz que a profesa Marlango. No obstante, fue precisamente este el confluicto interno el que la banda madrileña batalló en todo momento con improvisados bailes en «Todo es tan importante» (de una Leonor aterrada de improvisación), miradas complices de la banda y acertados cambios de guión (hasta el punto de acabar cantando de rodillas una versión de la incumbustible «Pena, penita, pena»).

De versiones estuvo caracterizada la noche: Desde una versión blues del archiconocido «Happy» de Pharrell Williams (que imploró que nadie subiera a youtube) pasando por «When I’m sixty-four» de los más que socorridos Beatles. Marlango consiguen que todo suene fácil, bien y rápido.

Y no cabe duda que estas florituras son la agudeza de Marlango. La facilidad con la que pueden  compatibilizar el refinado estilo del «Club Silencio» al más puro Mulholland Drive, con una noche de informal karaoke en el conflictivo bar de carretera de Twin Peaks. Intencionadamente o no, parece que Leonor Watling es incapaz de dejar de lado su faceta interpretativas, y en más de una ocasión parece vislumbrarse una mágnifica interpretación lynchiana de la mayoría de sus temas. Como una Julee Cruise de la que no se han olvidado del todo.

Marlango sigue más vivo que nunca en ese sentido y, Leonor Watling sigue sin perder este rumbo. En ese sentido debería ser plenamente consciente de sus envidiables dotes para cualquier registro. Leonor sigue siendo (afortunadamente) distante, furiosa, paciente. Exquisita.