Lo que pudo ser el concierto de Ian Anderson

El pasado 8 de febrero Ian Anderson, referencia del mítico grupo de rock de los 70 Jethro Tull, dio un magnífico concierto en el Palacio de Congresos de Málaga. O no. Nunca lo sabremos porque a este medio no le permitieron desarrollar sus labores.

Desde el minuto cero, el que parecía el organizador o jefecillo de los miembros de seguridad no permitió que Málaga es Cool pudiese cubrir el concierto de Anderson.

Al llegar y pedir que nos dejase pasar a la zona habilitada de prensa nos sorprendió con un “hoy no hay prensa acreditada”. Por otro lado, nosotros habíamos confirmado nuestra acreditación con RIFFMUSIC y GRUPOMUNDO, empresa encargada de esta labor. Nuestra sorpresa no acabó ahí, pues a continuación nos soltaba que él “ya había repartido todas las acreditaciones”, algo más que curioso cuando esa noche no había prensa. Y cuando una compañera de realización nos dio nuestra acreditación fuera del recinto, tachando nuestro nombre de la lista donde se encontraban todos los miembros de los distintos medios. Medios que sí pudieron acceder a la parte destinada a periodistas.

Para más inri, el sujeto en cuestión que no nos permitía trabajar ni siquiera comprobó nuestro nombre, ni si teníamos la entrada o, por si alguna casualidad, era verdad que éramos de prensa, desatendiendo así todas sus funciones como miembro de seguridad.

Pasó la primera mitad del concierto entre un público notablemente mayor, nostálgicos de las flautas del escocés y guiris que venían de todos los puntos de la Costa del Sol.

Al reanudarse el show, conseguimos pasar el control del acceso de prensa, con lo que creímos poder realizar nuestra función periodística sin ningún tipo de interrupción.

Pero ahí estaba él. De nuevo el individuo que al comienzo del espectáculo dejó de lado sus labores por las que se le paga decidió que había llegado el momento de ponerse a trabajar y al descubrir que ya antes nos había prohibido pasar a nuestro lugar del trabajo nos acompañó a la salida del recinto, donde comunicó que se nos prohibía la entrada bajo ninguna circunstancia alegando que eran órdenes de la organización. Es importante apuntar que en ningún momento, desde que fuimos expulsados hasta que esa información les fue comunicada a los miembros de seguridad que estaban en la puerta, aquél hombre no habló con nadie excepto consigo mismo.

En lo que nos parece un atropello al artículo 20 de la Constitución española, nos cabe preguntarnos por qué este hombre la tomó con este medio, por qué sí dejó acceder a otros medios y por qué no cumplió con sus obligaciones cuando nosotros pedimos que se nos reconociera como prensa.