Vetusta Morla y la necesidad de ritmos frenéticos.

El pasado viernes 23, la sala París 15 abría sus puertas para acoger a todos los seguidores de Vetusta Morla. Sorprendía la larguísima cola de gente que esperaba impaciente la apertura. En el momento en el que estábamos todos instalados, el grupo mejicano Zoé -que lleva acompañando a los madrileños durante gran parte de su gira – hacía su puesta en escena. A los presentes que no los conocíamos tanto, nos sorprendía gratamente, y a los que comparecían ante ellos, les hacían pasar un muy buen rato. Abrieron nuestras bocas para recibir al plato fuerte de la noche con temas como ‘Labios rotos’, ‘Poli’ -canción que cuenta con la colaboración de la malagueña Anni B Sweet en su disco – o ‘No me destruyas’.


Preparados con una escenografía de luces cálidas que aportaba intimidad, Pucho sale al escenario y comienza a marcar el ritmo de ‘La Deriva’ con timbales. En ese momento, el resto de componentes de Vetusta Morla hacen acto de presencia y acompañan a la voz dando cuerpo al tema y a las ganas de todo el público presente en la sala. El grupo se encontró con un sold out por parte de sus seguidores malagueños, algo que hizo que la sala París 15 ampliara su aforo tras la demanda de entradas para completar, de nuevo, hasta el último rincón.

Fuego‘ y ‘Golpe maestro’ desinhibieron por completo al público, haciéndolos adentrarse en el concierto, para ser testigos en la pared del directo de su nuevo disco, haciéndonos pedir cantando  ‘más, más, más, más’ al oír Pirómanos’.

Tras presentar cinco de los doce temas que componen su nuevo disco, empezaron a intercalar canciones pertenecientes a ‘Un día en el mundo’ y ‘Mapas’, sus discos anteriores, adaptadas sin embargo al nuevo carácter y sonido del grupo. Lo propio ya se hizo ajeno con ‘Cuarteles de invierno’ y se nos ablandó el corazón con ‘Maldita dulzura’.

Con la canción que le da nombre a su segundo disco, Mapas, la intensidad comenzaba a subir cada vez más, los punteos de guitarra sobresalían, mientras Pucho no dejaba de hacer coros y dar palmadas al son de un baile propio. Él mismo nos invitaba a relajarnos con ‘¡Alto!’. En todo momento, la expresividad que aguardaba en sus manos hacía que cada palabra tomase cuerpo y nos invitaba a sentir la magia que envolvía el directo.

David “El Indio” cambiaba batería por timbales para acompañar al bajo y la guitarra de ‘Copenhague’. El público coreaba con tanto ahínco que, en ocasiones, nuestras voces absorbían a la de los protagonistas del momento. En la oscuridad enlazaban con ‘Valiente’ que nos regalaba un deje nostálgico cuando Pucho nos la cantaba con su antigua letra.

Repartieron toda la velada entre lo reciente y lo clásico, y desaparecieron del escenario. Nosotros, aunque con la certeza de su vuelta, no podíamos parar de hacerle saber a Vetusta Morla que teníamos necesidad de hacer más terapia con su música. ‘Sonata fantasma’ se tocaba con la intención de aplacar nuestra imperiosa necesidad de más ritmos frenéticos.

La oscuridad volvía y con ella un cambio cuando los dos guitarras – Guille Galván y Juanma Latorre– empuñaban junto a Pucho las claves de madera alrededor de un mismo micrófono para empezar ‘El hombre del saco’. El sonido de los instrumentos desciende a medida que llegan al final del tema y Pucho nos pide que no dejemos de tocar ‘palmadas’ para presentar a todos los miembros.

El cantante madrileño nos hacía constancia de que La Deriva en sí misma es una cadena de transformaciones y procesos. La deriva es algo necesario y que nos acompaña en nuestra vida. Pucho nos invitaba a vivir sin miedo, a dejar que la deriva nos invadiese y nos dejase llevar hacia lo correcto, hacia lo necesario. Nos agradecía la dedicación en este concierto y la fe que habíamos demostrado todo este tiempo de incertidumbre frente al nuevo disco. Nos hacía corear ‘Tómalo, tómalo’ acercándose a los extremos del escenario, llegando a las mayores de las cercanías, mientras todos nos deshacíamos con los ritmos. Y de nuevo oscuridad. Todo parecía acabar cuando sonaban en ausencia de los artistas las notas de ‘Los días raros’, uno de los temas capaces de removernos por dentro, de ponernos el corazón en la boca y los sentimientos a flor de piel. Y así fue. Muchos cerramos los ojos y nos dejamos llevar por entre la armonía y esos días raros que seguramente cada uno guarda en su memoria. Cantábamos, dejábamos que la melodía nos envolviese, disfrutamos del último momento. Respetamos el parón de silencio del tema. Sentimos los acordes de la guitarra y su vibración. Coreamos de nuevo, nos emocionamos en el frenesí de los últimos compases.

Y todo acabó ¿o era el principio?. Vitoreamos, aplaudimos y nos quedamos con ganas de más. Casi dos horas de concierto que nos brindó este grupo madrileño, sorprendiéndonos gratamente con sus nuevos cambios. La energía que irradiaba Pucho nos contaminaba para bien. Con sus más de veinte temas, Vetusta Morla nos dejaba extasiados y felices por lo vivido en esta velada musical.

Texto por Lorena López

Fotos por Ian Montiel