El jazz africano de Ray Lema en Terral 14

Martes 29 de julio, 21h. Teatro Cervantes. Entradas aquí.


El pianista congoleño afincado en París acude con su teclado y su voz al Teatro Cervantes.

Considerado como uno de los artistas más audaces y creativos de África y del mundo, el pianista Ray Lema (1946) pasó de los enclaves tribales de su Congo Belga natal (luego Zaire y ahora República Democrática del Congo) a los escenarios más importantes de Europa. Ha sido un camino largo y complejo durante el que ha consolidado su grandeza artística y su magnitud como innovador en algunas de las mejores grabaciones de la música africana, algo difícil de adivinar si atendiéramos solo a la primera etapa de su carrera como músico.

Formado en piano clásico, Lema se da a conocer al gran público acompañando en los bares de Kinshasa a artistas de la talla de Tabu Ley Rochereau, Abeti y Papa Bemba. También tocaba la guitarra y, aunque era un buen intérprete de los estilos de rumba que habían desarrollado a la perfección sus legendarios compatriotas Franco y Dr. Nico, sentía una atracción especial por el rock, en particular por el que hacían Jimi Hendrix, Beatles y Eric Clapton. Lema abandonó entonces sus estudios clásicos para dedicarse a otros ritmos como rumba y soukous. Lema fue objeto de críticas debido a sus tendencias musicales. El ambiente musical en su país era un poco conservador: por un lado estaba el academicismo de las escuelas y por otro la rumba y el soukous que se tocaban en los bares.

En 1974 el gobierno le encarga la creación del Ballet Nacional Zaireño e inicia un exhaustivo periodo de investigación en la música y danzas tradicionales de las más de doscientas cincuenta etnias del país. Viajó por los campos recogiendo ritmos, eligió a los mejores bailarines y músicos para el ballet nacional y se labró una reputación como experto en música zaireña. Unos años más tarde Lema formó la banda Ya Tupas, que fue uno de los primeros grupos auténticos de fusión de su generación. El primer trabajo discográfico, que contenía sus diversas influencias, le hizo ganar varios premios y le permitió irse de gira a los Estados Unidos. Allí conoce a sus ídolos de entonces: Marvin Gaye, Herbie Hancock y luego Prince, incorporando el R&B, el soul, el funk y el jazz a su música, concebidos en sus manos como géneros de ‘ida y vuelta’.

Instalado ya en Europa, primero en Bruselas y después en París, graba con innumerables artistas, tanto de las llamadas Músicas del Mundo como de pop (por ejemplo, Stewart Copeland, de The Police). Fueron muy reputadas sus grabaciones con Las Voces Búlgaras, con la banda tradicional marroquí Tyou Gnaoua, de Essaouira, con la que mezcló los sonidos gnawas con los ritmos y voces congoleñas de sus orígenes, con la Orchestre de Chambre de Sundswall en Suecia o con el cantante y compositor Chico César en Brasil.

Compone para el cine y el teatro y colabora regularmente con Jean-Luis Martinelli, para el cual firma la banda sonora de varias piezas: Medée (Gran Prix de la Critique pour la Musique), IthaqueUne nuit á la présidence. En 2004 recupera su carrera grabando a piano solo Mizila. Siempre abierto a nuevos encuentros musicales, de los últimos años cabe destacar el álbumParadox, de 2007, homenaje a Ali Farka Toure; un vibrante trabajo con la Saka Saka Band, un proyecto colectivo casi tribal de regreso a los ritmos zaireños, y dos producciones sinfónicas, una con la Orquesta de São Paulo y la más reciente con la Orquesta Sinfónica de Wuhan en China para la apertura del Festival ‘Croisements’. Próximamente editará con el Nzimbu Project un nuevo trabajo discográfico.

Este titán de la música africana, que cuenta entre otros reconocimientos con el Django d’Or por el conjunto de su carrera, afirma que “la música es un juego social donde cada miembro de la tribu tiene su propio espacio, y es ese el propósito del juego, encontrar el lugar de uno en la sociedad”.