Juan Gómez, El Kanka, profeta en su tierra

Si terminas un concierto teniendo agujetas es buena señal, significa que lo has dado todo y más. Si además terminas con dolor de boca de tanto reír, eso ya es un lujazo. Pues bien, así salimos la noche del viernes de La Cochera Cabaret gracias a Juan Gómez y su banda.

Ellos se enfrentaban al sold out que habían conseguido y nosotros estábamos deseando que salieran al escenario para así poder saciar nuestras ganas de disfrutar. El público presente estaba formado por gente muy variopinta y con edades muy distintas pero, lo más bonito de todo, era ver a padres y madres con sus hijos instruyéndolos desde pequeños en la cultura de este tipo de eventos hechos de buena música.

No jodan la marrana‘ abría el concierto y nosotros no tuvimos más remedio que venirnos arriba y cantar a grito pelao’ ; y ya no os digo nada cuando escuchamos ‘A dieta de dietas‘. Alguno intentaba seguir el trabalenguas inventado de la canción aun siendo conscientes de que sólo estaba hecho para profesionales que ya jugaban en otra liga. ‘Vuelvas cuando vuelvas’ nos conseguía poner tiernos.

Manin ya empezaba a mostrarnos su manejo en las artes de big box para darle cuerpo a ‘Me alegra la vista‘ -sin que faltara la coreo correspondiente, claro está-. El buen rollo que les acompañaba contagió a toda la sala, no podíamos parar de reír con sus improvisaciones y su espontaneidad. Kanka se declaraba públicamente fan de sus dos acompañantes ya que, cada uno por separado, tenían sus proyectos propios y quería que nos lo presentaran. El primero en atreverse fue Manin con una canción que, según decía, había sido compuesta por él sólo y exclusivamente para cantarla aquí, en su tierra. Claramente ‘Málaga‘ sólo podíamos entenderla nosotros, el público malacitano que no quería perderse la cita -y menos mal-.

Entre medias sonaba ‘El día de suerte de Pierre Nodoyuna‘. Alvarito -guitarra y coros- se encargaba de acabarla por bulerías aunque no sin antes confesar que se sentía un pelín nervioso teniendo a tantos ojos atentos a él. Su saber hacer nos encantaba -como siempre- y daba paso a la presentación de uno de sus temas a dúo con Alberto Leal.

Para no dejar de sorprendernos, Kanka nos enseñaba un tema nuevo que estará incluido en su próximo disco y que hablaba de lo bonito de hacer lo que a uno le saliera del alma. Tras ‘Canela en rama‘ y ‘Lo mal que estoy y lo poco que me quejo‘, Manin formulaba la pregunta estrella, la pregunta funky. Tampoco ahí pudimos evitar venirnos más arriba todavía -y eso que ya hubo temas en los que no dejábamos ni que Kanka cantara, lo hacíamos nosotros en plena explosión de éxtasis-, así que demostramos todo lo funkies que podíamos llegar a ser.

Todos bailando, sin parar de cantar y ellos, igual que estaban metidos en el tema, te sacaban acordes de ‘Escuela de calor‘. ‘No te veo gozar‘ nos volvía ya loco del todo y ellos anunciaban la que pretendía que fuese la última canción antes de que nosotros le pidiéramos el bis si nos iba apeteciendo. No les dio tiempo a acabar ‘A desobedecer‘ siquiera cuando nosotros pedíamos el bis y treinta y cinco canciones más.

Kanka se sentía profeta en su tierra y a nosotros nos hacía sentir orgullosos de tener artistas como él y su banda con una denominación de origen malagueña -Alvarito, sabemos de dónde eres, pero aun así te tenemos el mismito cariño.

Rompiendo un poco el esquema de concierto planteado, Kanka nos presentaba otra canción nueva que contaba con la muerte como protagonista. Canalizamos nuestra energía, agudizamos el oído y comprobamos que Kanka supo transformar la crudeza de ese concepto en algo realmente hermoso, dejándonos muy buen sabor de boca y muchas ganas de volver a enamorarnos de la vida.

Señales de humo‘, la mítica canción ‘Ring ring‘ con nuestro coro semi profesional evaluado por Manin y su despedida. Nosotros, como locos otra vez no queríamos que se fueran así como así, pedimos bises, algunos pedían canciones concretas y ellos, portándose bien, nos hicieron acabar con ‘La bulería de El pichi‘.

Seguíamos sin querer despedir a este trío de ases que nos dejó tan buen sabor de boca, pero ya no podíamos retenerlos más. Les echábamos de menos y  ayer nos recargaron las pilas por completo. Nos hicieron disfrutar de una noche increíblemente divertida y consiguieron crear un ambiente familiar que no siempre es fácil de conseguir. Nosotros, más que agradecidos, sólo pedimos que hasta septiembre no se nos haga muy larga la espera para volver a disfrutaros.

¡Larga vida a El Kanka!

Texto por Lorena López

Fotos por Claudia García